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'S así

Los que están, están (y los veo). Los que no están, nunca estarán.
Virtualidad. Motherfucker.

3 comentarios:

Groupie dijo...

es el secreto de mantener a little bit of sanity en el mundo Intertetiano... creo yo (al menos, a mi me sirvió conocer el secreto)

K dijo...

Muy pocas veces me ha engañado una persona: las cartas siempre me engañan. Y no sólo la de los otros, sino también las mías. En mi caso es una desgracia muy particular de la que prefiero no seguir hablando; pero, al mismo tiempo, es una desdicha general. La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo -considerado desde un punto de vista teórico- una terrible perturbación para las almas. Porque es una relación con fantasmas -y no sólo con el fantasma del destinatario, sino también con el propio- la que se va gestando debajo de la mano que escribe, en esa carta, y más aun en una serie de cartas de las cuales una corrobora a la otra y puede apelar a ella como testigo. ¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en un persona ausente y puede tocar a una persona presente; todo lo demás supera las fuerzas humanas. Pero escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, cosa que ellos aguardan con avidez. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino. Y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha contra eso; para eliminar en lo posible todo lo fantasmal que se interpone entre los hombres y para lograr una comunicación natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde; es obvio que esos inventos han surgido en plena caída. La otra parte es mucho más serena y fuerte: después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilo. Los fantasmas no morirán de hambre, pero nosotros sucumbiremos.

Lalu dijo...

Pero no hay nada que agrade más al hombre que los fantasmas. Por eso, siempre en un acto de aparente inocencia se recurre al escape epistolar, sin saber las viscicitudes que eso pudiera causar.
Mi criterio es que lo que acerca, aleja. Nos vendieron espejitos de colores, y dimos nuestra vulnerabilidad. Nos expusimos frente a un papel, y, Kafka, usted porque no llegó a ver a las personas que deambulan por la calle con la frente pegada a un teléfono celular, o a la gente que "besa" la pantalla de su computadora. Es indignante, llega un momento que hay que renunciar a todo eso, a los fantasmas, por más que su canto sea como de sirenas.